Po Po Power Rangers

Querría lanzar una reflexión al desordenado y caprichoso albedrío de la inmisericorde red. Me gustaría hablaros de una saga específica de los Power Rangers, en concreto de aquella en la que el grupo se organiza con los colores azul, rojo, naranja y morado. Lo haré mientras escucho esto.

En las primeras sagas, como sabéis, los power rangers que partían la pana eran el azul y el rojo… rompían todas las audiencias. Pero últimamente la serie ha perdido tanta audiencia que los productores decidieron, hace ya un tiempo, introducir dos power rangers nuevos para ver si consiguen reflotar el asunto, pero no está siendo fácil la cosa. Aparecen en escena el naranja y el morado. ¿Qué misterio misterioso consigue que todavía se mantenga la serie en antena? Es fascinante.

 

¿Serán sus superpoderes los que enganchan a la audiencia?

El power ranger azul tiene una capacidad asombrosa para destrozar todo aquello en lo que participa. Es una destreza tremendamente efectiva y útil –para los productores de la serie, claro–. Cuando hay que luchar contra un enemigo, basta lanzar un primer ataque con el power ranger azul… detrás quedará un secarral, un páramo yermo carente de toda utilidad. Además, tiene una capacidad sobrehumana de visión selectiva, consigue esquivar todos los ataques que le son lanzados. Podría tener una caja de puros repleta de billetes morados sobre la mesa que, muy convenientemente, no sería capaz de verla. Es un superpoder insólito y muy conveniente. Otra de sus capacidades, más secundaria, es la de lanzar rayos de «existencia de dios»… allá donde dios no existe, lanza un rayo de «creencia» y… ¡zas! Arreglado, ya existe. Se llega al punto de conceder medallas a la virgen.

El power ranger rojo es otra historia. Era el guapo al inicio de la saga –o al menos él está convencido de eso– y el suporpoder que ha desarrollado es el de la equidistancia políticamente correcta… frente a un enemigo es capaz de permanecer equidistante de cualquier argumento en todo momento casi sin inmutarse. Cierto es que todos esos ejercicios de contorsionismo acaban pasando factura a las articulaciones… dolores lumbares, rodillas, etc. No es fácil. Ahora está viejo y dolorido. Ha tenido también un pasado turbio y claro… esa equidistancia le ayuda a esquivar más fácilmente los tendenciosos ataques de los enemigos del bien. Este power ranger funciona en comandita con el power ranger azul, ya son muchos años y trabajan bien mano a mano… los guionistas de la serie han conseguido plasmar esa idea de veteranía que ambos representan y esto, en cierta medida, los une. Como hermanos.

Ambos protagonistas, por unas razones u otras, están algo comprometidos… los años no pasan en balde. Aprovechando que estamos en pleno siglo XXI, se hacía necesario buscar el relevo manteniendo, eso sí, el mismo esquema decimonónico de la serie. Los guionistas, en previsión del descalabro de audiencia, consideraron oportuno iniciar sin más dilación una transición discreta durante varios capítulos. De esta forma, los superpoderes del power ranger azul transitarían a los del nuevo power ranger naranja y los del rojo al morado. En principio, esa sería la estrategia. Una vez consolidada la operación, los dos veteranos héroes podrían participar en los contubernios de forma más discrecional… pasarían al retiro, a disfrutar de una merecida jubilación. Pensionistas. De hecho, sin este relevo generacional, corrían el riesgo de ni siquiera llegar a ser pensionistas, ya que las pensiones fueron, precisamente, gestionadas por ellos mismos… por tanto, urgía el relevo.

El power ranger naranja tiene el superpoder de representar la rectitud moral… entendiendo que se trata de una «representación», sin más… un rayo de «representación». Debe además heredar las «virtudes» del power ranger azul sin que dicha herencia se muestre demasiado evidente. Nadie quiere reconocerse azul en esta serie… tiene connotaciones muy autolesivas. Nace por tanto con el encargo de conseguir mimetizar su esquema moral y canalizar el de muchos otros en un solo rayo unificador, un único rayo, grande y libre. Este superpoder conlleva riesgos ya que, por suerte o desgracia, no es fácil apuntarlo y usarlo de forma estable, baila mucho. Ante un determinado contubernio mediático, de repente, ¡zas! Dame la manita Pepe Lui.

El power ranger morado (o morada), por su parte (o parta), tiene la capacidad (o capacidod) de perder (o perdar) fuerza (o fuerzo) en debates (o debatas) que lo (la) desvían inexorablemente (inexorablementa) del enemigo (enemiga). Una (o uno) capacidad inaudita (inaudito) para no (o na) entender que la saga anterior (o anteriora) es profundamente (profundamenta) disciplinada y de moral laxa (o laxo), de tal forma que mientras (o mientros) se enfrasca en disquisiciones (o disquisicionas) morales (por supuesto legítimas), el enemigo (enemiga) da siempre (o siempra) el golpe (o golpa) de gracia (gracio). Para cuando el power ranger (o rangera) llega (o llego), ya ha terminado (o terminada) el (o la) capítulo (capítula) –incluso (inclusa) la temporada (o temporado)–. No es (o na esa) fácil (fácila).

¿Cómo plantearse el visionado de la siguiente temporada?

Bueno, en mi caso, creo que voy a optar por alguna de las siguientes dos estrategias. Claro que esto es algo personal… pero razonado.

Una primera estrategia sería la del Movimiento por una Petada Redentora (MPR). Es decir, puedo anhelar que los dos nuevos power rangers entren en escena para dar algún giro decisivo al devenir de la serie… pero en realidad, no pasará de eso… un anhelo. Su misma naturaleza surge para reciclar a los dos veteranos, por tanto no me cabe esperar un final de saga más interesante. Más bien todo lo contrario. Entiendo que lo que se pretende, precisamente, es que la audiencia entre al trapo y acepte el reciclaje planeado.

Por otro lado si los esfuerzos van encaminados a que venga alguien a corregir lo que otros han dejado, implica que los que desbarraron en capítulos anteriores no se tengan que responsabilizar de lo que han hecho. En las series de justicieros, el que la hace la paga. Si alguien acaba protagonizando la serie e intenta recomponer las cosas, en el fondo, estará limpiando la mesa para que vengan otra vez a destrozársela más tarde. Si hay alguien bienintencionado en alguno de los colores –que no lo dudo–, jamás tendrá mucho futuro en estas circunstancias. Por tanto, supongo que lo ideal será petar estrepitosamente. Petar de tal forma que no haya solución… colapso. Fin de capítulo, de serie, de temporada. Y, entonces sí, empezar una serie nueva.

El problema es que esta serie, ahora mismo, viene financiada desde fuera (BCE)… y los productores tienen demasiado miedo a que el fracaso de este «producto» nuestro reviente con la productora entera (Europa). De modo que, mientras haya financiación, seguirá la saga.

Así las cosas, cabe una opción…

Todo parece indicar que los 2.5 millones de españoles que estamos en el extranjero no hemos venido a pasear. En principio… eso parece. Muchos argumentarán que de los que estamos fuera, la mayoría, no comulga con la vieja guardia… bueno, me parece una afirmación simplista, en realidad hay de todo. Pero es verdad que hay mucho fan de los power ranger naranja y morado que siguen la saga desde el extranjero, descargándose la serie via torrent. Hay fuera, por tanto, un número de espectadores nada desdeñable.

Cualquier cosa que hagamos para participar en la serie, tal como están las cosas, no servirá de nada, porque los productores tienen la sartén por el mango. Salir a la calle, en el fondo, tampoco. Salir a la calle funcionaba cuando los productores de la serie realmente se preocupaban por los índices de audiencia, intentaban adaptarse a los espectadores. Pero es que ya no les hacemos falta, lo único que les interesa es su idea de permanecer en antena –y con eso parece que les basta y les sobra; es su idea de triunfar en taquilla–. Todo lo demás lo van a resolver con mano dura… y ahí, gana quien más dura tenga la mano… y de momento no parece que seamos los espectadores.

Se han producido capítulos de los power rangers a granel (suma y sigue), y desde fuera se les ha permitido mantener la serie… hasta que un día, por supuesto, se diga: c’est fini. Creo que deberíamos usar el superpoder del power ranger azul de total y absoluta capacidad de destrucción, eso sería mucho más que suficiente para llegar antes al fin de la saga. Si andamos intentando recomponer las cosas por el camino, tardaremos mucho más. En este sentido, creo que sería interesante votar de forma masiva y sistemática al más corrupto de todos los power rangers hasta que lo destroce todo. Una suerte de «aikido político», aprovechar su inercia de corrupción para arrasar con todo. Debemos confiar en su incontrolable capacidad de corrosión. Inicialmente les dará audiencia –nada que no tengan ya– pero hecho de forma masiva y deliberada, al final, los hundirá estrepitosamente porque llegará un momento en el que la audiencia ya no tenga pasteles para comer. Entonces sí, empezaríamos a hablar de cambio.

Esta sería la estrategia optimista.

La pesimista consistiría en, sencillamente, no volver. Descapitalizar el país de su gente joven y preparada. Pagar impuestos en otros países, aportar fuera, echar raíces fuera. Dejar una huella demográfica fuerte que se note en diez o veinte años. A fin de cuentas un espectador al uso, en cuanto lee una postura contraria lo primero que dirá será: pues ya sabes, si estás mal te piras, aquí no haces ninguna falta. Y bien pensado es verdad… el esquema es: o comulgas o te piras. Si quieres formar parte de la audiencia, tienes que estar en el redil… caso contrario, sobras. Nadie te echará de menos. De forma que si lees esto, y ya estás en el extranjero… ¡un saludo!

Salir a buscarse las castañas fuera NO es fácil… se sale cuando eres joven o relativamente joven (signifique eso lo que signifique hoy en día), pero salir con 50 o 60, con hijos, etc. será mucho más complicado. Salir te dará la opción de elegir llegados esos 50 o 60 años… y lo cierto es que muchos de nosotros no lo vamos a tener nada fácil cuando lleguemos a esa edad, o nos enfrentamos a esta decisión ahora, o más tarde no servirá de nada.

En cualquier caso, y a modo de conclusión, hay algo que debería quedar bien claro: los espectadores no deberíamos admitir bajo ningún concepto esta aberrante impunidad generalizada en la que andamos buceando. Ya no podemos caer más bajo. Los productores se han hecho con los derechos de la serie y no somos más que eso… meros espectadores. Rayos de cinismo y arrogancia son lanzados con grandes y vistosas sonrisas, y cuando esos rayos no funcionan, lo hacen los tribunales o las porras. Cada uno acepta las miserias del power ranger con el que comulga… lo justifica… «angelito, no quería, no sabía, no podía». Por el camino, la sofisticación del guión; corremos el riesgo de transitar del suspense, al puro terror.

¿Y las consecuencias? Debemos asegurarnos, como espectadores, de que el mal cine, el malintencionado, lo pague con creces en taquilla. Pero en este caso, quizá, la estrategia pase por dejar que su propio éxito acabe con el género de una vez y para siempre.

¡Po Po Power Rangers!

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